Tu piel siempre la misma, tu aroma igual que ayer.
Tus ojos endiablados. tu cuerpo retorcido de placer.
El momento ancestral en el que penetras en mi, dulce intruso... la eterna tentación.
La matanza de los códigos de la moral.
Parecemos dos niños adultos riendonos a carcajadas de los socialmente aceptado.
Lo único correcto en este instante son las pieles, los labios, tu sexo y el mio rojos, ardiendo de deseo mutuo.
Tu voz susurrando exitación.
Tu sudor en mis senos, en mi toda.
Un instante único. Inmortal.
En ese momento estoy segura que soy inmortal en mi recuerdo y en el tuyo.
Me balanceo sobre ti como en una hamaca... y te miro fijamente el alma. El único momento donde la veo y hasta la toco.
Tu esencia misma allí, palpable. Te miro penetrandote como lo haces tu con tu sexo en mi.
Disfruto la mirada llena de placer, tus ojos dados vuelta, tu respiración acelerandose.
Te aprieto contra mi sexo, apoyo mi pecho en tu pecho y siento tu calor en mi.
Te aprieto aún más y susurras palabras ancestrales e irrepetibles, tratar de reproducirlas ahora seria degradarlas.
Me muerdes, te araño, te quiero.
Crece el calor, el fuego empieza a quemar. No quiero que se termine nunca, estoy a gusto así.
Me hablas en una lengua que solo yo entiendo (o al menos así lo imagino), te mueves y como un sismo me atraviesas a mi toda.
Llenas mi ombligo de ncétar de vida y sonrio.
Cierro los ojos, hoy que fue mañana ayer y recuerdo tu piel y la mia, el balanceo, mi sexo si lo se escuchar se rie en ese momento, se rie de las normas, se rie porque las trasgrede solo por ser feliz.
Cierro los ojos y nos veo, siempe nos despedimos igual, con un beso en la comisura de los labios, allí donde comienza todo.
El beso complice que no llega a ser de amantes y pasa a linea de la amistad
a*
Muy lindo, nena. Te voy a seguir el paso por acá.
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