Esta vez la sangre podrida fue tanta, que inundó
la cama, la habitación, la cuadra entera.
Me siguió como una pesadilla hasta la parada, y todo
el trayecto a casa.
Esta vez volvía con la mente ensangrentada.
los ojos rojos, la boca con gusto a salitre.
En el ómnibus, la gente me mira, debajo de mi se ha
formado un charco rojo, pestilente.
Quiero arrancarme la ropa, quiero arrancarme la piel.
Olor a muerte hay aquí.
a*
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