De las miles de maneras que hay para alejarte, hoy encuentro esta, la más sencilla, la más antigua. La más usada para alejar las cosas que me hacen bien. Lo que más aterra es la frialdad con que lo hago, como el asesino que premedita su crimen, que calcula cada detalle, cada segundo es previsto con el más minucioso detalle.
Nada se escapa, la llamada, el encuentro, la ropa deslizandose en el suelo. Las caricias llenas de hielo, las caricias no-caricias ya conocidas por de más.
La penetración, la lluvia blanca dentro mío, y el adiós cortés de siempre.
De las miles de maneras que hay para alejarte elijo esta, porque es la que me sigue confirmando que no valgo, y que no soy capáz de provocar amor en otro individuo. Es el método más eficaz para tirar mi delicado castillo de naipes llamado autoestima.
Y vuelvo a casa, casi sin arrepentimiento, arreglando mis cabellos en el ómnibus, soñolienta, con las manos ensangrentadas...
a*
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